domingo, 3 de enero de 2016

Ventana sutil

Por la ventana sutil de mi memoria, entras tú, mi amiga esencial. Una ventana de saudades porque solo entra tu recuerdo.
Sin embargo, a través de ella te veo, corres por la inmensa terraza con tu niña de pelo oro, larguísimo… con tus bucles flotando como una golondrina en vuelo nupcial. Pintas con tu muchacha rulos azabaches… asas la carne, riegas las plantas… tus ojos brillan como el sol…
Nos reímos de pasadas anécdotas, del señor de las esteras y de los dientes que se mueven… del sol que compartimos y de las aventuras “on the rock” que recolectamos…
Foto de la red
Paso tus poemas a máquina, los corriges, protestas contra la vida injusta y contra el servicio cada vez menos bueno. Cada noche recorres la ciudad en busca de lo que jamás encontrarás…
Te quejas de la falta de dinero y derrochas lo que tengas… vives en una barca que oscila en la marea de tu pasión. No hiciste caso cuando dijeron que te opacaras y brillaste hasta vencer a los rayos de la primavera e intimidar a los del estío.
Compartimos una amiga de cartón, el torso de maniquí que alzamos en la calle y transportamos hasta tu balcón, allí lo vestiste y le cambiabas pañuelos, sombreros, cada día…
“-También le hicieron quimio, dijiste, está pelada” 
Compartimos lecturas... Foucault, Lacan, otros... charlamos con el "conde" y nos divertimos con locas ocurrencias...
Me enseñaste muchas cosas, como que “la vida es gasto”, la literatura “es borrar más que escribir” y así eran tus poemas… austeros, ascéticos, incorruptibles…
Tanto, que tu libro no solo no se repitió, no publicaste nada de lo que escribiste luego. “Crónica de una niña quieta” en prosa, nunca tuvo lectores, tal vez no la acabaste para que no pudiera moverse y tener vida propia, peligrosa…
La seducción era una materia más que aprobada por ti, ya un sobresaliente te quedaba chico, te ponían un “sublime”. Fuiste la diva de Baires en los 80´ y tal vez más, pero ya no lo pude ver, salí de la ciudad aunque no de tu vida.
Por teléfono nos contábamos todo, mas vos que yo, que escuchaba… un día me dijiste: -“y vos que tal? –silencio- jajaja te sorprendí, no sabes que contestar… ya ves, crezco y me ocupo de ti… jajaja” y aprendiste a escuchar, a hacer las ensaladas de mil colores que te gustaba verme preparar, y a comer arroz integral, aceite de primera prensada, quínoa…  fuiste a hacer yoga…
Nos abrimos mundos inmensos en diferentes campos… crecimos juntas. Y hoy no me acompañas, no compartes, no me cuentas… seguro andas de nube en nube, ahora encontrando lo que tanto ansiabas, esa libertad tan temida…
Te veo por mi ventana sutil, porque estas etérea y tan encantadora como siempre… y me sigues acompañando con tu amistad y tu mano rozándome la cara cuando no sonrío.

Oh! Creo que en mi ventana ha comenzado a llover… voy a cerrarla por ahora.

1 comentario:

  1. Y esa ventana me ayuda a reconocer a alguien en tu memoria como si la hubiese conocido, como si la vida quisiese traer el esplendor de aquellos días y al mismo tiempo dar las gracias porque siempre pueda entrar la luz a través de los recuerdos.

    ResponderEliminar