domingo, 23 de noviembre de 2014

VENTANA EN ALDEA



Quiero irme contigo a un pueblo pequeño y antiguo en medio del agro y rodeado de cerros, con calles empedradas y edificios de rocas.
Ver la vida cotidiana pasar por ventanas de  la aldea, pintar el cielo, escribir mis sentimientos, con tu brazo en mis hombros…
Entender la vida sin tapujos ni timidez, gritar en el campo y bailar desnuda en el lago, atravesar el horizonte poblado de una luna descomunal y entrar en el silencio sideral…
Entonces y sólo entonces, dejándome envolver por el crepúsculo, podría conocer el secreto de tu mirada y la pasión de tus labios tiernos.
Mirar desde una ventana tranquila y pueblerina, para poder mirarnos dentro hasta que el alba florezca en nuestros pechos y pueda sorber el brillo del sol en tu pelo..
Es lo que fantaseo, para encontrarnos dentro del viento, de la magia sutil de tu mirada y sobre las ramas del árbol prohibido sabiendo que tu amor se derrama en mi ser y que tu bebes del mío…
Una ventana sencilla, de una aldea pequeña por donde salir de los mundos miserables y cabalgar hasta nuestra estrella propia donde el miedo no existe…
APORTES de Chesca:

miércoles, 19 de noviembre de 2014

BELLEZA desde las ventanas

foto de la red


Las ventanas nos descubren el mundo cuando miramos por ellas.
Es diferente cuando miramos desde afuera a nuestras ventanas o ventanas ajenas… ¡cuánto se descubre a través de ellas!
Muchas pueden ser mezquinas y no dejarnos entrar ni con una mirada, otras se abren discretas, confiadas y podemos vislumbrar sus características, hay las que son muy demostrativas y nos dan show de esplendor, de arte y hasta de opulencia.
En Barcelona, como en muchas ciudades, hay de estas ventanas. Pasar frente a una ventana de Gaudí es  adentrarse a la belleza.
Foto propia
Pero, no es lo único que uno puede entender. Si hacemos analogía con nuestros cuerpos, cuando pasamos frente a un espejo y nos miramos de los ojos hacia adentro, sostenidamente, vemos  que tenemos una belleza especial, que se traduce en luces. Si profundizamos más, esa luz se convierte en recurso contra la oscuridad.
Tenemos muchos recursos. Claro que si perdemos el tiempo mirando hacia afuera, criticando o juzgando a los demás, recordando el pasado, viendo lo negativo en todo, absorbiendo noticias que nos meten en un mundo materialista… nunca podremos entender que somos una maravilla y que fuimos creados con todos los mecanismos, herramientas y técnicas para ser creativos, felices.
Es algo para pensar y meditar. ¿Qué le muestro yo al mundo a través de mis ojos/ventanas? ¿Qué puedo descubrir de mí cuando me miro internamente?
Casa Batllo, foto propia

sábado, 15 de noviembre de 2014

Ventaneando mi recorrido

Imagen de la red


Es un día de esos en que la ‘nada’ se apodera de mi humor y mi ventana… nada malo, nada por hacer, nada sin hacer…
No suelo mirar hacia mi pasado con frecuencia a menos que haga una contabilidad positiva… en un día donde llovizna y todo es gris, me doy cuenta que me llega la edad de la jubilación…
Es una buena edad para advertir que mi niña interna juguetea aun por los rincones y yo la dejo alborotar, de a ratos.
Esa nena que veía tan lejos mi estado de abuelidad, suele llorar y reír por nada y por todo… me apunta con el dedo cuando me saboteo, así es que mejor me ponga a ver lo bueno que hice…
He logrado abandonar mis bibliotecas (mis tesoros) en más de un país, pero cargando la belleza de muchos escritos en la piel de mi espíritu, aprendiendo a soltar la carga y viajar ligera de peso.
He caminado India e Israel, visitado museos y paisajes orientales, europeos, norte y sur-americanos, vivido en dos continentes y cinco países, subí al Himalaya en Nepal y crucé el desierto marroquí, todo por buscarMe, encontrando trozos de mi ser aquí o allá… y sólo he logrado reunirme íntegramente en la suavidad de una piel idéntica a mi piel.
Me han definido como una mujer simple y de buena onda, puedo agregar que no tengo necesidad de aparentar ni pretender, soy amante de mi familia y mis amig@s, admiradora del Planeta y el Universo, digna y orgullosa de mi sexo, con logros y frustraciones que considero lecciones… emocional con la música y los gestos de ternura, enamorada como una colegiala pero sabiendo mis límites, creativa y entusiasta… comprometida con el dios-creador que concibo a mi manera, solamente una última aspiración: ser buen ejemplo para mis nietos cuando, algún día, entiendan lo que es madurar y envejecer y me vean hacerlo con quien amo a mi lado.
Me maravilla y hasta sorprende la gente que me aprecia a pesar de mis múltiples errores, son tan tolerantes y compresivos, ¡adorables! ¡Les agradezco mucho!
Imagen de la red
Miro por mi ventana, sencilla, un poco coqueta y cargada de recuerdos bellos y de amor respetuoso… agradecida por la vida que disfruto… después de todo, no es nada malo ser abuela, jubilarse y ver que se puede madurar sin consumirse o enmohecer.
Miro mi pasado por la ventana, más extenso que mi futuro y a pesar de tantos pesares, no me quejo, he aprendido a no manchar lo que vendrá de lo que pasó hace tiempo atrás. Y creo que eso es nuestra misión: agradecer, amar, ser y hacer a otros felices. Es una ventana pacífica al menos.

                                 Francia 2014












miércoles, 12 de noviembre de 2014

Una pluma bajo el brazo desde mi ventana...


Algún día había que nacer, creo… y ahí estaba yo, esperando turno,
Imagen de la red con agregados
saltando de nube en nube, con mucha paz y sin problema alguno.
Pero, era un espíritu inquieto, como aún sigo siéndolo. Así es que un buen día me asomé por entre las capas del cielo y vi el mundo donde iba a parar cuando me llegara el tiempo… ¡y como me atraía conocer ese mundo! Sabía que tenía que buscar a alguien allí… me incliné y me incliné tanto que empecé a deslizarme por el espacio… así, dando tumbos, fui cayendo por los huecos siderales y capas de la atmósfera.
Tan precipitada fue mi caída que no tuve preparación, no me preguntaron donde quería caer ni que cuerpo me gustaba, que familia deseaba… ningún planeamiento ni elaboración de lo que vendría. Es más ni hubo tiempo de que me dieran mi pan para llevar bajo el brazo. 
Me llegó -tarde- el mensaje sobre el obsequio que debía llevar a mis padres al llegar… pero donde iba a sacar el pan en ese infinito etéreo… no sabiendo que hacer traté de tomar lo primero que se presentó ante mi vista, no muy buena aun… un pedazo de nube, una hilacha de viento, una pluma de algún pájaro que por allí pasaba.
Y así llegué, con una pluma bajo el brazo.
Pasando por una ventana aterricé en un lugar pequeño, húmedo, incómodo, donde se escuchaba un ruido muy raro que, más tarde, me enteraría que era un corazón, el de mi madre por supuesto. Si hubiera sabido que debía de pasarme nueve meses en ese recinto acuoso, tan mínimo, no hubiera intentado aparecer en este mundo…
Lo peor vino después: pasar por un túnel estrechísimo para llegar a una habitación con luces que lesionaban mis ojos recién estrenados que ni siquiera sabía que tenía. Así que los cerré y no fue hasta algún tiempo después que los volví a abrir. Entonces fui entendiendo lo que las miradas significaban. Miraba sin cesar a la mujer que me alimentaba y calmaba mi dolor de estómago. Entonces entendí que se preguntaba por qué había una pluma bajo mi brazo en vez de un pan…
No pude contestar a esta pregunta hasta muchos años después. ¿Qué hacer con aquella pluma…? así que no habiendo otra cosa y como mis padres no pudieron decidir el propósito de aquello que era un regalo para ellos… me dediqué a hacer palabras unidas y a mis siete años escribí mi primer poema mirando, casi, por la misma ventana por la que había entrado... fue un poema para mi hermano recién nacido.
La pluma había encontrado una razón de estar en el mundo.
Más tarde sirvió para disfrazarme de indígena. Luego para bailar charlestón. Para limpiar miguitas de mi mesa. 
  Mi padre la quiso para poner en su línea de pesca, mi hermano para su flecha, mi madre para la basura, mi amiga para mascota, pero no lo permití... la conserve para mí.
 Con el tiempo iría encontrando más usos para mi pluma, la cual me acompañaría por mucho tiempo y hasta que la hiciera parte de mi personalidad, como amuleto de la suerte, para dormir acompañada por una caricia, para mirar por las ventanas que, en mi infancia y adolescencia me hablaban de un cielo diferente…
Luego regalé plumas a muy pocas personas… solo a aquellas que pudieron entender y no mirarme feo  por ello. Otras veces las lancé por mi ventana para verlas volar.
Hoy tú, solo tú, tienes una de mis plumas... y podemos volar cuando las juntamos.
Coye La Foret, Fr., 2014