martes, 14 de octubre de 2014

Ventanas de Madrid

Foto propia, 2014

Mi historia con Madrid data de hace unos doce o trece años. No sé qué le debía yo a esa ciudad, pero desde que fui la primera vez, me lo ha hecho pagar en cuotas y con mala onda. Fui siempre de paso, por dos o tres días.  Y en las cinco o seis veces que llegué a Madrid, algo pasó: me trataron mal, me cobraron de más, me pasé de estación en el metro, nos perdimos en una circunvalación que parece un túnel al más allá, llovió sin parar, trataron de robarme en la carretera, etc….
Esta vez debía llegar para la presentación de mi libro junto con Isabel… encontrarme con ella, con amigas que hace tiempo no veo, era mi ilusión… por otro lado: el temor.
¿Será posible que una mujer adulta, como yo, piense que una ciudad la rechaza? Bueno, confieso… eso tenía en mi mente traviesa. Por otro lado, sabía que no debía atraer nada negativo, mi mente madura así lo pedía a gritos: “¡Disfruta! ¡Es una ciudad bella! ¡Olvídate del pasado!” Además Isabel y Chesca estarían conmigo todo el tiempo, ellas me guiarían por la ciudad de los reyes, sin contar con Puri, Silvana, Miguel, Maite, etc.
Pues bien, armada de amistad, amor incondicional y alegría me fui a conquistar Madrid… y… ¡Qué hermosa ciudad! El sol brilló todo el tiempo y mi apart tenía un gran balcón donde disfrutarlo, en los momentos en que no debía caminar, o gozar la luna brillante y nítida de cada noche madrileña.
 Además un pequeño restaurant nos abrió los brazos desde que llegamos y su dueño resultó un señor, muy simpático, que vivió en Argentina por unos veinticinco años y nos hizo sándwiches de miga (vegetarianos para mí) al estilo argentino.
Mis amigas cumplieron paseándome por los parques y lugares de renombre en la capital española. Señorío y belleza se unen para disfrutar sin parar. ¡Y las ventanas! Ohhh ¡qué ventanas!... esta vez Madrid me trato como mi Madre Patria realmente y me miró con ternura por sus ¡bellísimas ventanas! Ah, sí, también se celebró la presentación de mi libro y el de Isabel y fue buenísimo… pero la mirada de esas ventanas… ¡ay! es que conquistaron mi corazón… y  ¡olé!

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