lunes, 9 de junio de 2014

Ventana incondicional

Las ventanas toman forma de quien mira por ellas… solo es cuestión de comunicarles nuestra intención, sentir, desear y los pensamientos que llegan a nuestra cabecita. Pensamientos coherentes o locos… el asunto es ser sincera con nuestra ventana y transmitirle lo mejor posible.
Recordando que ser sincera no es necesariamente ser franca (http://desdelaventanademonica.blogspot.fr/2014/04/sinceridad-vs-franqueza.html/) y que los detalles huelgan.
Nuestra ventana llega a ser íntima amiga cuando se la trata amablemente, nos ve con ojos compasivos y, a veces, nos dice verdades que necesitamos escuchar, aunque no nos guste…
El caso es que nos ayudan a avanzar, a liberarnos de viejos conceptos, creencias que nos atan a un pasado cómodo, pues cada vez que la abro me muestra un cambio, un movimiento continuo… es una corriente que nos dirige a un futuro desconocido… el vértigo aparece por un instante.
Luego me planteo que todo ya fue hecho, solo debo insertarme a este fluir y estar en armonía con ello.
Hoy, en este proceso propio, vino Natasha (8) y me dijo: “voy a bañarme, pero si me necesitas me lo dices ahora.”
Imagen de la red
La mire, estaba ya lista para entrar a la ducha… que fácil es para los niños –en general- estar dispuestos al cambio… es como que saben que sus actos tienen una importancia secundaria después de la empatía con el otro, la compasión, el amor, etc… lo que es del alma es más importante…
Mi ideal es recuperar esa conciencia infantil, esa alegría, esa creatividad en vibración… las aptitudes divinas que los chiquillos ostentan sin pudor ni limite.
Hoy abro una ventana al amor incondicional y la fantasía, que me hacen volar hacia ti.

sábado, 7 de junio de 2014

Ventana imprevisible...

Tomada en Venecia - 2013


Hoy es uno de esos sábados sin ton ni son... las niñas que invitaron a una amiguita me llaman para jugar porque no se ponen de acuerdo, mi hija que tiene una entrevista en París y el papi, no se…
Yo haciendo mi valija rumbo a Sevilla, por si fuera poco entre mi hija y una amiga se confabulan a presentar mi libro en Barcelona… y todo se sucede en forma casi mágica y un tanto aleatoria…

Así compruebo lo que sé de sobra, porque, en mi vida, es una constante: las pruebas no se anuncian… si no estoy preparada es porque no me ocupo de cumplir mi responsabilidad de estar ‘siempre lista’…
Los imprevistos son lo más previsible en mi historia y reaccionar no vale, lo importante es saber responder, así que Mónica: ponte las pilas: deja todo limpio, haz tu maleta (¿para una semana? ¿Para un mes? ¡¿Quién sabe?!!!) Prepara tus libros por si lees/presentas, atiende ese teléfono, y ve que haces con las nenas pues el padre les dio almuerzo, limpio y mira TV… Te toca…

Idea brillante: ¡hagamos una piñata! Bueno, confeccionarla, rellenarla: media hora, colgarla y buscar palos 10 min, romperla 2 min… juntar y comer dulces otros 8 minutos y ¡listo! Las nenas felices, ahora buscarán que hacer por su cuenta… cumplido.
Maleta en solo dos colores de ropa para poder combinar y no tener que llevar de más… pequeños potes de cremas y va entrando todo, no importa el tiempo que sea… uf… uf...
Deberé abrir la ventana para ‘respirar’, necesito conectarme contigo que eres la razón de tanto ventanear…      

viernes, 6 de junio de 2014

Ventana nueva

Cuando abro una nueva ventana es porque quiero ver algo nuevo… pero podría no ser así, podría ver siempre lo mismo… podría no estar preparada para cambios. Los cambios implican dejar viejas rutinas en las que hundo mis sueños.

El asunto es ¿qué cambios quiero ver, qué cambios quiero tener en mi vida, hacia donde y por qué cambiar? Mi respuesta es básica y elemental: quiero avanzar por y hacia el amor. Hablo del amor a la vida, a la familia, amigos, mundo, a un ser particular…

A veces la gente cree que para amar deben sufrir y no es así, eso es una contradicción: para amar debo amar.

Lo que sucede es que si quiero cambiar y quiero amar, debo soltar lo que es viejo en mi vida y que no me hace bien… ese apego a lo conocido es lo que me duele dejar.

Imagen de la red
El amor es algo que nace conmigo, viene asociado a esa fuerza interna que me hizo crecer, superar obstáculos, enfrentarme a los retos diarios, avanzar a nuevas posibilidades, relacionarme con gente.

Pero también, debo tener claro qué es lo que quiero ver en mi ventana, qué quiero lograr y qué hay en mí que impide ver eso que quiero lograr, qué emociones negativas soltaré para poder cambiar. Porque debo de reconocer que esa forma no es mi identidad. Muchas veces nos es más fácil hablar de nuestras negatividades, de lo que no puedo hacer que decir nuestras capacidades y virtudes, esas que podría usar en mi vida para mi beneficio y de quien me rodea. Esas con las que nací y que fui olvidando…

Es cierto que la vida nos golpea duro muchas veces, pero es nuestra responsabilidad levantarnos y abrir la ventana que nos haga felices, recuperar el poder mediante esas características positivas que fueron pisoteadas pero que, recicladas, maduradas, puedo volver a usar…

Lo que realmente necesito es tener atención hacia donde voy, así como conduzco mi automóvil puedo manejar mi forma de ser en el mundo… el GPS íntimo de mi vida está unido a mi inteligencia y a mi amor, debo encenderlo mediante la conciencia, cuando quiero dejar esos hábitos que me hacen fracasar el intento de abrir la nueva ventana que me haga feliz.

Quiero respirar nuevos aires… abro mi nueva ventana… o, mejor, ¡mi balcón renovado! Allí también tú puedes disfrutar. ¡Ven!

miércoles, 4 de junio de 2014

Ventana para variar



Mirar por la ventana era mi forma de esperar cuando era una niña… ¿qué hacia allí por horas? Mi madre se lo preguntaba y lo hago yo ahora… ¿Qué imaginaba? ¿Qué fantasías vagaban por mi mente?
Aun ahora hago lo mismo, me siento y miro sin mirar. De tanto en tanto una paloma o un gato me llaman la atención y sigo con mi mirada, lejos… lejos… perdida… y, a veces, tan dentro.
Me pregunto si cada paso será el oportuno, será bueno para alguien, si apuesto mucho o es nada, si será entendido, si será apreciado, si yo misma, entiendo cómo sigue mi historia… si me entiendo o me aventuro al abismo, como será un mañana aquí o allá… ¿no era que las abuelas se quedan quietas? ¿No tengo la vida hecha? ¿Por qué variar? ¿Por qué no variar? La vida es para gastar y renovar, contestan mis múltiples mónicas internas…
Imagen de la red
Sigo mirando y mi hijo me escribe: ‘estoy bien…’ desde Bagdad. Más allá una amiga enferma… y allí otra que se opera y le duele… las nenas pasan derrochando energía… y quien se desveló me habla de esos miedos que vi en mis pesadillas, el cielo gris y la llovizna salpica mi ventana…
Los días grises no me van bien, necesito de un sol que me abrace, de una estrella que, entrando en mi ventana… se pose en mi frente para alumbrar mi mente y mi destino.
Creo que, ahora, estoy segura que miro por la ventana por una única razón… para encontrar quien dándome la mano, me lleve a volar como una Wendy rezagada, atravesando nubes y ríos, con el corazón acelerado, en una aventura sin igual, en una loca historia que haga que mi novela vital tenga un sentido sin igual…
Alguien me dice: levante y anda… La ventana comienza a abrirse…

domingo, 1 de junio de 2014

Ventana al desierto



Es cierto que amo las ventanas… es que ellas me dejan ver el mundo desde ángulos diferentes, me cambian la óptica de mis propios ojos, al menos me la aumentan y mejoran.

Encuentro ventanas diferentes en los viajes, por ellas encuentro partes de mi misma, puedo mirarme desde otra perspectiva. Es cierto aquello tan trillado de que se conocen otras culturas, otras formas de vivir, comer, etc.
También es verdad que, desde que creo que ‘Somos Uno’, cuando conozco a alguien muy distinto física y culturalmente, también me conozco yo en otros aspectos y matices.
Entiendo, entonces, que todo lo que rechazo o no me gusta, es lo que me niego tener, es lo que no acepto y debería trabajar, en mí.

Mirando por esta ventana vi el desierto, un océano de arena que solo refleja aridez. En esta extensión de  soledad también hay seres vivos… además de escorpiones, insectos, víboras,  dragoncitos, lagartijas de tamaño y color variado… hay seres humanos que viven allí. Mujeres solas con sus hijos, familias de nómades, comerciantes, traficantes, aventureros, criadores de ganado y una variedad de personajes que  es difícil imaginar desde este lado de la ventana.

Solamente cuando una la atraviesa y comienza a entender, es que estos protagonistas, de un mundo tan disímil, se hacen corpóreos. Pero entender significa aprender, aprehender y, por lo tanto, se hace propio, entra en nuestro espectro de vivencias y se hace parte de nuestras vidas. Es que ¿no lo fue siempre?
Yo creo que sí, todo aquello que comprendemos es porque ya tenemos un código incorporado para hacerlo. Por eso es que digo que cuando viajo voy recogiendo partes de mi ser.

Este desierto me trajo un entendimiento más amplio de mí y, a una solitaria empedernida como yo, le dio la capacidad de compartir en forma diferente. Por razones más allá de mi alcance llegue allí a dejar miedos atávicos, a encontrar un sol que ilumina sin tregua, a encontrar una paz en otra sintonía, una solidaridad en otra dimensión y la ternura de ojos tan infantiles como ancestrales, tan inocentes como sabios.
Tomada en Marruecos, 2014

Es una ventana particular, me desnuda y me envuelve en su arena, me descubre y me regala una plenitud difícil de explicar, me encandila y me trae las miradas de quienes amo. 
Es una ventana que tiene vida, que siente, que habla con distintos matices de voz y cambia según la mire y quien la mire. Una ventana que amo y a través de la cual me puedo ver sin temor a reflejarme como y quien soy.
Soy parte de esa ventana, tan simple como grandiosa, y de ese inmenso paisaje. Soy un grano de arena en este vasto mundo que nos toca vivir y que elijo amar con la intensidad de que soy capaz.