miércoles, 13 de enero de 2016

Ventana rota

La ventana era azul cuando nuestras miradas eran una…
Llegó la metralla de la intolerancia como guerra al amor
Rompiendo cristales, agrisando el futuro.

En las vértebras de mi vida
Se clavan las traiciones y las mentiras
Cada desilusión se atornilla
como una espina venenosa que duele
En cada parada forzosa se ha roto una cuenta
del rosario de mi vida que camina hacia la muerte
En cada paso de mi anhelo
una palabra se quiebra en el hielo
una cadena que me cruza la espalda, el pecho, la cabeza
y me ata a un alma lista a partir…
a volar libre y sin ataduras

Déjala, que tu amor no es mío.
Déjala que es mejor que vuele de una vez
El rosario de mi vida tiene una cruz pesada
se llama desengaño y nació en el desamor.

La ventana era azul cuando nuestras miradas eran una
Se rompieron los cristales cuando entró la indiferencia

el reproche, el miedo, la muerte lenta de la ilusión.
Mónica Ivulich
D.R. 2016Fr
S E B A S T I A N • Ł U C Z Y W O

domingo, 3 de enero de 2016

Ventana sutil

Por la ventana sutil de mi memoria, entras tú, mi amiga esencial. Una ventana de saudades porque solo entra tu recuerdo.
Sin embargo, a través de ella te veo, corres por la inmensa terraza con tu niña de pelo oro, larguísimo… con tus bucles flotando como una golondrina en vuelo nupcial. Pintas con tu muchacha rulos azabaches… asas la carne, riegas las plantas… tus ojos brillan como el sol…
Nos reímos de pasadas anécdotas, del señor de las esteras y de los dientes que se mueven… del sol que compartimos y de las aventuras “on the rock” que recolectamos…
Foto de la red
Paso tus poemas a máquina, los corriges, protestas contra la vida injusta y contra el servicio cada vez menos bueno. Cada noche recorres la ciudad en busca de lo que jamás encontrarás…
Te quejas de la falta de dinero y derrochas lo que tengas… vives en una barca que oscila en la marea de tu pasión. No hiciste caso cuando dijeron que te opacaras y brillaste hasta vencer a los rayos de la primavera e intimidar a los del estío.
Compartimos una amiga de cartón, el torso de maniquí que alzamos en la calle y transportamos hasta tu balcón, allí lo vestiste y le cambiabas pañuelos, sombreros, cada día…
“-También le hicieron quimio, dijiste, está pelada” 
Compartimos lecturas... Foucault, Lacan, otros... charlamos con el "conde" y nos divertimos con locas ocurrencias...
Me enseñaste muchas cosas, como que “la vida es gasto”, la literatura “es borrar más que escribir” y así eran tus poemas… austeros, ascéticos, incorruptibles…
Tanto, que tu libro no solo no se repitió, no publicaste nada de lo que escribiste luego. “Crónica de una niña quieta” en prosa, nunca tuvo lectores, tal vez no la acabaste para que no pudiera moverse y tener vida propia, peligrosa…
La seducción era una materia más que aprobada por ti, ya un sobresaliente te quedaba chico, te ponían un “sublime”. Fuiste la diva de Baires en los 80´ y tal vez más, pero ya no lo pude ver, salí de la ciudad aunque no de tu vida.
Por teléfono nos contábamos todo, mas vos que yo, que escuchaba… un día me dijiste: -“y vos que tal? –silencio- jajaja te sorprendí, no sabes que contestar… ya ves, crezco y me ocupo de ti… jajaja” y aprendiste a escuchar, a hacer las ensaladas de mil colores que te gustaba verme preparar, y a comer arroz integral, aceite de primera prensada, quínoa…  fuiste a hacer yoga…
Nos abrimos mundos inmensos en diferentes campos… crecimos juntas. Y hoy no me acompañas, no compartes, no me cuentas… seguro andas de nube en nube, ahora encontrando lo que tanto ansiabas, esa libertad tan temida…
Te veo por mi ventana sutil, porque estas etérea y tan encantadora como siempre… y me sigues acompañando con tu amistad y tu mano rozándome la cara cuando no sonrío.

Oh! Creo que en mi ventana ha comenzado a llover… voy a cerrarla por ahora.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Ventanas de Navidad

foto propia
Se terminaron las ventanitas de Navidad… cada vez que se abría una… una exclamación era inminente, aparecía una figurita de chocolate diferente, cada día, cada ventana… y generaba una ilusión sobre la siguiente.
Ahora se acabaron de abrir todas, en el dibujo hay otras ventanas y esas conservan el misterio… tal vez los Reyes traigan más soluciones a estos acertijos mentales o, al menos, más dulces y chocolates. Por ahora me han regalado las ventanitas para mi colección. Ese gesto es tierno y gentil, me endulza el día aunque no haya comido los chocolates.
foto propia


Por otra parte, la luna llena alumbró mi ventana en la noche de Navidad… bonita luna en ventana que me llena de luz plateada y me alegra, porque sé que, en otros países y en otro continente, mi familia y mis amigos están viendo la misma luna coronando los encuentros con seres queridos, iluminando caminos aun no explorados y los transitados de siempre.

Tal vez la coqueta Madre Tierra la crea un espejo y se mire en toda su belleza… o la vea como una hija que llega, brillante y sonriente, a compartir con ella esta Navidad.

Foto tomada en España

jueves, 24 de diciembre de 2015

Ventanas en la Era de la Comunicación

Mi madre se quedó con las ganas de disfrutar todos los adelantos del siglo 21, sólo pudo sacar beneficios del teléfono pues yo solía llamarla sin problemas desde la otra punta del continente. En cambio, la Era de las Comunicaciones me abrió a mí varias ventanas nuevas.
Puedo ver películas y canales de TV por mi móvil, portátil o tableta, puedo conectarme al segundo a cualquier país, por escrito o por palabra hablada.
Y lo más reciente es que puedo comunicarme con mis nietas-os por medio de las tabletas o móviles y verlos a todos… eso es genial.
Me llaman de cualquier lado en cualquier momento y me cuentan las últimas travesuras, las novedades, los adelantos en la escuela. Por ejemplo mi hija acaba de contarme que su hijo mayor dio el examen para ir a la Facultad/ Universidad /College y que sacó un puntaje de superdotado.  Juntas nos reímos de felicidad. Agradecimos a su esposo quien impulsó a Esteban a visitar Universidades y lo estimuló para que diera el examen tan temido.
Puedo enterarme de como evoluciona la carrera de mi nieto mayor, el que acaba de ser admitido como private Ivulich.
Estas ventanitas no sólo son divertidas son casi necesarias para tener una continuidad en la relación familiar.
Mi hijo se ha reunido con su hija para Navidad y me envía sus fotos, los dos tan felices! Y su hijo todo un soldado cocinando con la madre en la otra punta del mapa… todos en armonía, amor y amistad. Todos conectados por el sentimiento y esa ventanita portátil.
Yo tengo una ilusión, que –tal vez- no llegue a disfrutar, como mi madre no lo hizo con esta Era, y es que en un futuro, nos conectemos mentalmente o por la ventanita de la mente, y -con la sola intención- marquemos el número o nombre con quien queremos comunicarnos. Es posible, cada vez nos acercamos a eso… el mundo está evolucionado y nosotros nos sacudimos con sus cambios, confío que para mejor.


Por ahora –y gracias a ser una abuela que cambió las agujas de tejer calcetas por una computadora- me divierto con esta ventana que me trae las locuras y novedades de mis descendientes y amigos. 

viernes, 4 de diciembre de 2015

Ventana de misterios

El 5 de enero poníamos agua y pasto que recogíamos del jardín para los camellos, galletas y jugo para los Reyes Magos… y los zapatos para que nos pusieran regalos.

Luego el conflicto entre niños y mayores. No había forma de que nos pidieran, nos conminaran, nos amenazaran con dejarnos sin regalos… cada cinco de enero no podíamos dormir temprano…
Foto de Virginia Quiroga a sus nietos
En parte era por los regalos… pero, por otro lado era ‘esa’ intriga, esa ansiosa curiosidad… no podíamos entender que tres hombres, siempre los mismos y de la misma edad cada año, llegaran cruzando el cielo montados en camellos.

Cada año mi madre nos señalaba la estrella que los guiaba y nos amedrentaba: ‘esa estrella mira a cada niño o niña y sabe si se han portado mal, si se van a dormir a hora o no… los Reyes Magos entran solamente en casa de los chicos obedientes…’
No había forma… seguíamos pegados a la ventana de la curiosidad, hasta caer rendidos… antes de cerrar los ojos hacía que mi hermano me prometiera: ‘si escuchas un ruidito me despiertas, los quiero ver…’
Imaginariamente me encontraba con los Reyes en mis sueños, imaginariamente me daban un regalo con una sonrisa entre enigmática y amorosa.

Como nunca escribía cartas a Santa Claus ni a los Reyes Magos, los regalos siempre eran sorpresas, a menos que mi madre se empeñara y –prácticamente- me las dictara.

Esa ventana siempre será mi preferida, porque estaba llena de ilusiones y misterios que llegaban de un desierto oriental o celestial. No era, por mi parte, solo cuestión de recibir regalos, tenía un secreto que únicamente mi ventana sabía, yo sentía un amor oculto, platónico e imposible por mi Rey Baltasar. 

viernes, 13 de noviembre de 2015

Ventana ignea

Las ventanas de la memoria suelen ser muy caprichosas. Hoy, sin yo pedirlo se me abrió una ventana que dio a otra muy original.  Sí, me llevó a mi infancia…

Creo que tenía 6 años cuando fuimos a visitar a mi tía en Santa Fe, donde tenía un enorme campo de maíz, también había sandias, y otras verduras y frutas. Allí podía tocar los caballos si mi tía no estaba cerca, porque -aunque era mujer de campo- le tenia mucho miedo a los caballos y algunos otros animales, había algunas vacas, gallinas y cerdos, casi todo para uso de la familia, solo los puercos se vendían.
foto de la red
Las experiencias de una chica de ciudad en ese campo eran inusitadas.  Desde subirme a una parva de heno con mis primos, comer sandias hasta empacharme y que me curara una vieja con una cinta que media el aire desde mi ombligo hasta…( no sé cómo lo hizo pero me curó), darle de comer a los cerdos y que me tía me dedicara su mejor enojo porque podían morderme la mano… viajar en carro a caballo, bañarme con ranitas en un estanque… aprender a tomar agua como las gallinas (mirando el cielo)…
Mi tío ayudaba en una fábrica de ladrillos que estaba allí cerca, fuimos a ver como los hacían: con una pala revolvían el barro negro hasta convertirlo en una arcilla pareja y negra, luego lo ponían dentro de moldes. Cuando se secaban sacaban los bloques que serían ladrillos, aun casi grises y los apilaban donde seguían secándose. Simple y trabajoso.

Una noche mi tía anunció que iríamos a la “quema de ladrillos” y mi madre tuvo que explicarme que aquellos ladrillos que yo vi grises debían arder en un horno durante toda la noche, de esa forma tomarían consistencia y color como el que yo había visto cuando construían alguna casa en el barrio. No podía imaginarme cómo podrían poner tantos ladrillos en un horno, hasta que llegué al lugar.
foto de la red
Habían puesto todos los ladrillos formando una especie de habitación cuadrada pero sin puerta, se veía iridiscente, toda la edificación estaba ardiendo por dentro, tenía unas pequeñas aberturas que llamé ‘ventanitas de fuego’ porque, por allí, salía un calor horrible y se veía el fuego que quemaba una montaña de leña en su interior. Era un espectáculo casi dantesco, no hacía falta que me dijeran que no me acercara, la temperatura que irradiaba ese monstruo cuadrado e incandescente provocaba temor. 
No era de noche cuando llegamos, estaba atardeciendo. A lo lejos vi una figura que me llamó la atención, una señora que llevaba un gran sombrero blanco de tela y guantes del mismo color. Mi tía dijo que era la dueña de la casa y del campo donde estábamos, que el sol le hacía daño y que el calor le daba alergia, pero había enviado a la sirvienta con empanadas para todos, mientras los obreros estaban preparando la carne de una vaca entera –típico en los campos de Argentina- en pinches que parecían crucificar al animal abierto por la panza y con el cuerpo estirado entre barras de metal, era la cena para los peones, patrones y familiares. El vino venía en garrafas y todos ‘mojaban el garguero’ con ahínco y felicidad que da el trabajo concluido satisfactoriamente.
foto de la red
Cuando cerró la noche y luz del horno parecía una representación del infierno en la superficie de la Tierra… los peones estaban de muy buen humor, alimentados, algo alcoholizados y se aprestaban a pasar toda la noche cuidando el fuego. Era ese el momento en que se contaban cuentos de campos. Comenzaban con los que los chicos podían oír y seguían con los de terror que las madres preferían que no oyéramos, o tendríamos malos sueños, esos donde nos visitarían las ‘luces malas’ ‘los cucos’ y otros aparecidos del acervo campesino…

Pero, uno de esos cuentos, perdura en mi memoria como si fuera un relato familiar. En la quema del año anterior y cuando empezaban a servirse los tragos, se escuchó desde dentro del horno ya encendido, unos maullidos angustiosos y desesperados.  Se dieron cuenta que uno de los gatitos que había nacido no hacía mucho se había metido allí y no tenía como salir. Intentaron con largos palos que el gato pudiera salir de su encierro, pero el minino estaba aterrado en su encierro y no ayudaba, al contrario, creía que querían hacerle daño.  La situación era desesperada, pues la leña ardía en el medio y los ladrillos ya habían tomado fuego y empezaban a  incinerarse… como ya dije, no hay puertas en esas cuatro paredes, solo unas ventanitas que sirven para dejar pasar el aire y atizar las llamas.
foto de la red
El pobre animalito estaba destinado a morir –literalmente- entre dos fuegos y no podrían sacarlo, ya apenas si podían acercarse con los palos de avivar la fogata. La dueña de la casa lloraba y pensaba en el cruel destino para una de sus mascotas, cuando ante la mirada azorada de todos los presentes, el perrito de la señora, un cachorro blanco y lanudo, se lanzó por entre las piernas de los presentes y, entrando por la pequeña abertura en combustión, tomó al gato por la nuca y lo sacó –ileso, aunque aterido de miedo- de entre las flamas… pero, él mismo salió con su pelambre hecha una llamarada. Lo cubrieron con trapos mojados  y apagaron el fuego, pero no lograron evitar la quemazón de su carne y, poco después, moriría en la veterinaria, húmedo por las lágrimas de su dueña, como un pequeño gran héroe que salvó a un gatito a costa de su vida.
Desde entonces los hombres del lugar dicen que escuchan ladridos y le responden maullidos cada vez que encienden el fuego… no sé si será verdad.


Esa ventana en combustión, nunca salió de mi memoria, todavía puedo sentir la congoja que inspiraba la señora del sombrero blanco caminando lentamente por la sombra, alejada del horno y sus ventanas ígneas, que, de tan malos recuerdos que le traían, le hacían fruncir el ceño y sentir un frío casi gélido en la espalda.
foto de la web