jueves, 1 de octubre de 2015

Ventana para soñar.

En este viaje, que emprendí hace más de sesenta años, conocí mucha gente y tuve muchas experiencias de varios tipos.
Por supuesto que ‘mucho’ no siempre significa ‘bueno’. Hubo de todo. O casi.
Mi vehículo se detuvo en lugares alegres, tristes, atestados de seres en unos y en otros desérticos. La gente habló a veces bien y otras mal de mi persona.
foto que tomara en La Sagrada Familia, BCN
Unos agradecieron alguna de mis palabras, otros la despreciaron.
En ocasiones, tuve miedo, otras fui valiente. A veces, tuve mucho que agradecer, otras di la ‘media vuelta’ con cierta tristeza.
Todo lo que he logrado me costó mucho esfuerzo.
Pero nunca renuncie a mis sueños y por cada puerta cerrada se abrieron mil ventanas, por eso las amo tanto.
Es que, aun en los peores momentos, he tenido el privilegio de abrir ventanas y desplegar velas para soñar.

Monica Ivulich (c) DR2015Spain

martes, 29 de septiembre de 2015

Abramos la ventana

Abramos las ventanas, no importa la estación ni la temperatura, pero abrir ventanas a la vida siempre viene bien.
tomada en Venecia 2015
Abramos a ver si entra la buena vibra, si la luna ‘roja’ aun ronda por allí o se fue con la ‘azul’, que si es blanca también es buena y si llega el sol mejor aún.

Dejar la ventana en sombras solo da oscuridad y se extiende la humedad de malos humores y de malos ratos compartidos o sin ganas de compartir.
Abrir la ventana es despejar el pecho y recibir el aire para limpiar la mente y la luz para aclarar el pecho.

Abrir las ventanas a la vida… siempre viene bien.

Monica Ivulich, DR2015Spain

sábado, 19 de septiembre de 2015

Ventana Bibliófila

Si tu portátil no funciona, si tu cabeza se siente pesada, si el ambiente que respiras no es el propicio, si hace mucho calor y el bochorno te derrite las ideas… si… simplemente no puedes escribir, lo mejor es mirar por alguna ventana. Puede ser la ventana a la calle, la televisión, un libro…
Imagen de la red
Pero lo ideal es encontrar una ventana que da a un balcón lleno de libros… eso sí que es inspirador…
Puede que uno se siente allí, mire la gente pasar, el panorama… o lea hasta sentirse inspirado y, tal vez, con un ‘boli’ y un anotador uno garabatee hasta que  llegue la inspiración.

Es una ventana a la imaginación y a la literatura. Vamos, que no hay mejor ventana para mí. Desde allí veo a todos mis seres queridos y mis seres de ficción. Es una ventana especial para un día como hoy que mi organismo quiere enfermarse y no lo consiento, pero él no me deja hacer todo lo que deseo. Solo llegar hasta ti en este día tonto, que no permitiré me convierta en tonta del todo a mí, ni que te separe a ti de mi ilusión.
                                           
                                                                                                                       Monica Ivulich, DR2015

martes, 1 de septiembre de 2015

Ventanuco misterioso

 Tantos enigmas en las ciudades, en los pueblos, en las calles grandes y pequeñas, algunas perdidas de la vista de los transeúntes casuales, turistas, etc.
Hay misterios que nadie se detiene en descubrir. Y muchos de estos secretos solo quedan en el recuerdo de algunas ventanas que se conservan a través de los años y viendo crecer, pasar generaciones.
 Esas ventanas antiguas a las que hoy no les encontramos utilidad, pero están como testigos de alguna actividad normal -o no- de antepasados no muy lejanos.
Foto tomada en Lamoryale, Fr. - 2015
Eso me sugirió este ventanuco abierto en el muro. ¿Cuántas cartas, mensajes, misivas, invitaciones… han pasado por su abertura? ¿Cuántos secretos podría develar si hablara? Romances, estrategias militares o políticas, noticias de nacimientos, muertes, romances furtivos y hasta extraños paquetes cuyo contenido lo conocían sólo dos personas.
 Una pequeña y enigmática ventanilla que despertó mi imaginación, se ríe de mi curiosidad y fantasía… pero tras su risa está la mueca irónica de su secreto y su verdadera función en la casa, al fondo de un callejón sin salida.

Monik D.R.2015Francia

martes, 25 de agosto de 2015

Cierro las ventanas

Cierro las ventanas por hoy, se cierra el día sobre la luna de tu cama donde me abrazas abrasándome en un sueño sin cordura y sin brazos pero con brasas….
Cierro las ventanas y la luna sonríe a mis mejillas tibias, enrojecidas por tu recuerdo.
imagen de la red
Entre tu cuerpo y el mío no hay ventanas que ventilen un amor sin final y sin principio.
Sobre la luna de tu cara te acaricio sin manos y no hay sensatez que nos cobije.

Cierro la ventana y abro el alma a la locura del amor.

lunes, 17 de agosto de 2015

VENTANA LIBRE

foto: Adriana Harts

Hay ventanas que traen un aroma a libertad. Esta, por ejemplo.
 Mi hija me la regala desde su lugar de vacaciones. Seguramente todos sienten libertad y despreocupación desde que miran por ella.
Los imagino, son tres familias, seis adultos con ocho hijos en total, de todas las edades, los más chicos correrán y los adultos los vigilaran, organizaran paseos y comidas, los hombres asando las mujeres con ensaladas. Disfrutando el sol y la piscina…
Y, entonces, recuerdo una especie de sueño vívido que parece llegado de mi pasado, de otra vida.
Sueño o recuerdo es una historia desde el bosque. Me veía como un patriarca de una gran familia. Teníamos los arboles como forma de trabajo. Todos tenían su puesto, desde cultivar, limpiar terreno, talar, aserrar, construir casas y muebles, vender madera, transportar… las mujeres tenían también lo suyo, mantener la limpieza, cocinar, plantar, cuidar animales, buscar los huevos, cosechar y lavar vegetales….
Era una vida sencilla y con pocos conflictos. Pero dentro de esa paz, mi liderazgo me daba algún que otro  contratiempo. Me vi, luego, como un hombre ya viejo, riendo con nietos y, mas tarde, enfermo mirando por una ventana muy parecida a ésta, que me envía mi hija.  
La familia me rodeaba al final de la jornada y hablábamos de lo que había pasado durante el día. Una de esas noches les dije que quería que conservaran la armonía entre ellos, que yo me iría por esa ventana para descansar. Los más chicos se miraron entre ellos queriendo no entender. Los adultos bajaron la cabeza para no expresar sentimiento alguno.

No sé qué hay de verdad hay en esas memorias ‘oníricas’, pero, al ver esa foto,  reviví aquella historia. real o no, como recuerdo de otro tiempo, donde había una ventana por la que daría un paso hacia la libertad.   

martes, 4 de agosto de 2015

VENTANA BORRACHITA

Hace varios años atrás y en New York, me asomé a la ventana de mi casa para ver si llegaban mis hijos desde el mercado, ya que estaban tardando más de la cuenta y la comida se enfriaba.
Además, unas voces extrañas me llamaron la atención.
Lo que vi al correr las cortinas me hizo olvidar del almuerzo: cuatro o cinco muchachos parecían seguir la fiesta del viernes aquel sábado al medio día. Eran jóvenes, cada uno sostenía una botella y tenían la mirada algo extraviada. Dos de ellos estaban mirándose frente a frente y, con voz gangosa, repetían que uno era más fuerte que el otro.
Cuando la repetición parecía no tener límite, uno le dijo al otro:
_ pégame aquí (señalando su mejilla) pégame! Veeerás…
_no! Que te vooooy a pegar….
Se tambaleaban un poco, tomaban un trago y volvían:
_ Vamos! pégame aquí pégame! Ya verás…
_no! Que te vooooy a pegar….
Los otros, sentados en los escalones que llevaban a casa de mi vecino, miraban y reían con expresión boba, besaban la botella y meneaban la cabeza.

Y se volvía a escuchar:
 _ pégame aquí pégame! Veeerás…
_no! Que te vooooy a pegar…
Mis hijos llegaron y se detuvieron a mirar.
De pronto el que no quería pegar, cerró su puño y lo estampó en la cara de quien lo provocaba, éste se tambaleó y, trastabillando, casi se cae sobre los observadores, uno de los que estaban sentados lo ayudó a incorporarse.
Balanceando los brazos tomó la botella caída y volvió a decir:
 _ ¡pégame aquí! ¡Pégame! Veeerás…
_ ¡pero si ya te pegué!

_ ¡Ahhh!  ¡Ta’ bien pues!